jueves, 31 de agosto de 2023

DE LO QUE NO SE PUEDE HABLAR HAY QUE CALLAR. POESÍA Y MÍSTICA.

Ludwig Wittgenstein
RESUMEN. Reflexiona esta entrada, a partir de la conocida proposición final del Tractatus lógico-philosophicus de Wittgenstein, y que dice "de lo que no se puede hablar hay que callar", de la relación entre la poesía y la mística, del lenguaje poético como ese lenguaje que más allá del lenguaje convencional, filosófico o científico, intenta acercarse al misterio, a lo incognoscible, a lo inexpresable. El lenguaje poético es una aproximación que pretende todavía hablar de lo que no se puede hablar. Es el intento de aproximar el asombro que el poeta o el místico experimentan ante el misterio en un diálogo, como nos muestra María Zambrano, entre la Unidad y la Diversidad.. Y, sin embargo, es el lenguaje poético el que más se aproxima al callar de Wittgenstein, un callar que tiene más que ver con el silencio. Es un lenguaje hecho de unas palabras en forma de versos que nos invitan no exactamente a callar, sino a escuchar en silencio y al silencio.


I. INTRODUCCIÓN. DE LO QUE NO SE PUEDE HABLAR HAY QUE CALLAR. [1]

Esta conocida frase cierra el Tractatus Logico-Philosophicus escrito por Ludwig Wittgenstein en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial, mientras servía como teniente del ejército austro-húngaro. ¿Qué quiere decirnos con ella? ¿Qué es esto de lo que no se puede hablar y por lo que, por consiguiente, hay que callar? El final del Tractatus siempre me ha parecido fascinante, sobre todo cuando antes de cerrar su obra con esta proposición nos dice cosas que continuamente la contradicen para concluir que por eso no se puede hablar de ello. De hecho, algunas de sus proposiciones muy bien podrían afirmarlas un místico. Por ejemplo, nos dice en una de ellas: "Lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico." (6.522) No recuerda los versos de Lao Tsé cuando dice "Profundo/ parece existir, y al mismo tiempo no existir". O en relación con la pregunta de Leibniz sobre el por qué hay algo en lugar de nada, la proposición que nos dice: "No cómo sea el mundo es lo místico sino que sea." (6.44) Y con ello Wittgenstein ya nos ubica en su percepción de lo místico, es decir, en la existencia del mundo que es concebida como resultado de dos aspectos, la del mundo observado y la del observador, la del mundo, el cosmos que incluye el fenómeno de la vida, y dentro de él el sujeto que es capaz de darse cuenta de la existencia de sí mismo y del cosmos.

II. LOS LÍMITES DEL LENGUAJE.

Pero el tema es que Wittgenstein, como muchos místicos, considera que el lenguaje es insuficiente para dar cuenta de esa cuestión. Porque el místico no se piensa, se siente. Y esto es lo que el filósofo austríaco nos quiere decir cuando en otra proposición nos dice: "La visión del mundo sub specie aeterni [2] es su visión como-un-todo-limitado. El sentimiento del mundo como todo limitado es lo místico." (6.45) Si dividimos esta proposición en dos la entenderemos mejor:

- La visión del mundo sub specie aeterni es su visión como-un-todo-limitado.

Es decir, la visión del mundo que va más allá de nuestra cotidianidad para, elevándose por encima de ella, obtener una nueva visión, en este caso, la visión de un mundo como-un-todo-limitado, o sea, un mundo que no puede alterarse, lo eterno, un mundo que se manifiesta bajo la sensación que se tiene cuando, por ejemplo, se contempla un panorama desde las alturas, desde una perspectiva cósmica. Es algo que también tiene que ver con el sentimiento de criatura de Rudolf Otto [3], un punto de vista que, de repente, nos ofrece una especie de re-encantamiento y fascinación del mundo, o volviendo a Jung: "Es importante que tengamos un secreto y el presentimiento de algo incognoscible [...] El hombre debe percibir que vive en un mundo que en cierto sentido es enigmático." [4]

- El sentimiento del mundo como todo limitado es lo místico. 

Es decir, y volviendo a algo desarrollado en mi reflexión dedicada en este mismo blog a La mirada de Caeiro-Pessoa [5] es que el místico no capta pensando, el místico capta sintiendo. No corresponde su experiencia al pensamiento sino al sentimiento. Por eso, y paradójicamente, pese a esta proposición de la que "de lo que no se puede hablar hay que callar", de eso de lo que hay que callar siempre se ha hablado, y mucho.

Y ahora podemos preguntarnos por qué se ha hablado de ello y se habla tanto. Volvemos de nuevo a la proposición "Lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico." Creo que ella nos da la respuesta al porqué se ha hablado y se habla - yo mismo ahora estoy hablando de ello - y se hablará. La proposición nos dice que lo inexpresable está inexpresablemente manifestado en el mundo. Se muestra, pero no se capta, o, dicho de otra forma, no lo captamos con la mirada convencional que implica un lenguaje convencional, tampoco con la mirada de la filosofía o la ciencia y su lenguaje, que como dice Jung de esta última, desencantó la Naturaleza sin dar ningún tipo de ritual de paso. Y para captarlo necesitamos esa mirada nueva que nos ofrece una nueva perspectiva, y esa nueva mirada y perspectiva viene acompañada también de su lenguaje, el lenguaje poético. De hecho, la poesía, como la mística, es para muchos indefinible... ¿De qué habla la poesía sino de lo inexpresable? Escribí en una poesía unos versos que hablan de ello.

                                                        La meva poesia s'escriu mentre giro i giro,

                                                        donant voltes al Misteri de l'Existència

                                                        com la Lluna gira el voltant de la Terra,

                                                        o la Terra el voltant del Sol, sota l'influx

                                                        de la força de la gravetat. Així dono voltes jo,

                                                        sense fer-me preguntes ni buscar respostes,

                                                        girant sota la gravetat de l'existència,

                                                        emetent versos com a perles que la infinitud

                                                        modela sobre l'ínfim gra de sorra que soc. [6]


                                                        (Mi poesía se escribe mientras giro y giro,

                                                        dando vueltas al Misterio de la Existencia

                                                        como la Luna gira alrededor de la Tierra,

                                                        o la Tierra alrededor del Sol, bajo el influjo

                                                        de la fuerza de la gravedad. Así doy vueltas yo,

                                                        sin hacerme preguntas ni buscar respuestas,

                                                        girando bajo la gravedad de la existencia,

                                                        emitiendo versos como perlas que la infinitud

                                                        moldea sobre el ínfimo grano de arena que soy.)


Juan Ramón Jiménez
Ya desde hace un tiempo me doy cuenta de que mi poesía no es más que eso, una "emisión" de versos y poesías que se escriben bajo el influjo de la existencia y mi fascinación ante ella. Sé que busco expresar, y sobre todo expresarme, desde lo que capto muy tenuemente. Mi poesía, como, en general, la poesía a la que me refiero, se escribe bordeando, como dice Wittgenstein, lo inexpresable, pero que se muestra, que existe, y que sólo puedo sentirlo, pero que no puedo entenderlo ni lo puedo razonar, que no le puedo dar forma ni lugar. Es también paradójico cuando Wittgenstein nos dice en otra proposición: "La solución del enigma de la vida en el espacio y el tiempo reside fuera del espacio y el tiempo." (6.4312) La relación con lo incognoscible, con lo inexpresable, es algo, como diría Jung, en lo que “se está siempre cerca y demasiado lejos. Sólo allí donde se guarda silencio uno puede quedarse en un término medio." [7] Se está cerca porque se siente, y se está lejos porque no se lo puede pensar. Por eso la poesía que habla de ello -como las otras manifestaciones artísticas - es un lenguaje que sólo pretende dar testimonio de cómo el poeta capta esa presencia paradójicamente no presente. Sabemos de ella por la perturbación que nos causa en nuestra alma, y siguiendo a Wittgenstein, cuando somos capaces de tomar una perspectiva diferente en la forma de mirar el mundo, un mirar que podemos llamar desde una perspectiva cósmica, esa mirada que nos han mostrado Hölderlin, Walt Whitman, Juan Ramón Jiménez Caeiro-Pessoa o Goethe, somos impelidos a hablar y no a callar, aunque es un hablar distinto, un hablar que no es habladuría, que no pretende demostrar nada ni busca razones, un hablar que pone palabras, humildes palabras, al silencio en el que se manifiesta el sentimiento.

III. UNIDAD Y DIVERSIDAD. 

María Zambrano
Una de las cosas que más me gusta de la poesía es que pone de relieve esta presencia que algunos llaman Unidad, otros la gran conexión, en la diversidad de las cosas, de las manifestaciones que se dan en el mundo. María Zambrano lo dice en su brillante ensayo de Filosofía y poesía, cuando manifiesta que mientras la filosofía se arranca de la admiración y el asombrarse de la heterogeneidad del mundo para lanzarse en busca de una Unidad que nos evade su presencia, el poeta persigue "la multiplicidad desdeñada, la despreciada heterogeneidad. El poeta enamorado de las cosas se aferra a ellas, a cada una de ellas y las sigue en el laberinto del tiempo, del cambio, sin poder renunciar a nada: ni a una criatura ni a un instante de esa criatura, ni a una partícula de la atmósfera que le rodea, ni a un matiz de la sombra que arroja, ni del perfume que se expande, ni del fantasma que ya en ausencia suscita." [8] Añade entonces la cuestión: “¿es que acaso al poeta no le importa la unidad?“[9] -se pregunta el filósofo-. A lo que nosotros podemos responder con otra pregunta: ¿Por qué la unidad debe escindirse de la diversidad? ¿Por qué la unidad no puede manifestarse con la diversidad? María Zambrano responde a la pregunta del filósofo matizando que el apego del poeta a las cosas no es tal apego. "La poesía tiene también su vuelo, tiene su unidad, su trasmundo."[10] Y, curiosamente vuelve a hablarnos del cambio de mirada, del alejamiento que permite ver las cosas desde otra perspectiva. Y así nos vuelve a decir: "Toda palabra requiere un alejamiento de la realidad a la que se refiere; toda palabra es también una liberación de quien la dice. Quien habla aunque sea de las apariencias [...] aunque sea de la más abigarrada multiplicidad, ya ha llegado a una especie de unidad, ya que embebido en el puro susto, preso de lo que cambia y fluye, no llegaría a decir nada, aunque ese decir sea un cantar."[11] Volvemos al tema del alejamiento de la realidad, del cambio de mirada, de perspectiva, y que manifiesto en unos versos que escribí y que decían:

                Cal elevar-se molt

                per fer-se petit

                i contemplar el gran. [12]


                                                                           (Hay que elevarse mucho

                                                                           para hacerse pequeño

                                                                           y contemplar lo grande.)


Pero para el poeta también son ciertas estos que escribí en la misma poesía:


                Cal decréixer molt

                per fer-se gran

                i contemplar el petit. [13]


                                                                           (Hay que decrecer mucho

                                                                           para hacerse grande

                                                                           y contemplar lo pequeño.)


El cambio de mirada, el cambio de perspectiva, es una manera diferente de ver, una manera en la que el poeta mira y ve las cosas sintiendo la presencia en el todo en lo diverso, en lo grande y lo pequeño... En unos versos de Juan Ramón Jiménez:

            Tu, esencia, eres conciencia; mi conciencia

            y la de otro, la de todos,

            con la forma de suma de conciencia;

            que la esencia es lo máximo,

            es la forma suprema conseguible,

            y tu esencia está en mí, como mi forma.[14]


IV. SOBRE LA POESÍA, EL CALLAR Y EL SILENCIO.

Por último, y quizá paradójicamente, indicar que la poesía, o al menos la poesía a la que aquí hago referencia, se relaciona con la proposición de Wittgenstein en el sentido de que ambas nos parecen relacionar el callar con el silencio, o como decía en la introducción de mi libro Poesía callada:

 

Hay una música y una poesía que quiere aproximarse a ese silencio que se relaciona con el verbo callar, un silencio en el que callar nos dispone a escuchar. No olvidemos que la etimología de silencio, del latín sillentium, significa estar callado. Y que escuchar, del latín auscultare, significa poner la oreja y, según algunas versiones, inclinarse para poner la oreja. Por tanto, la música o la poesía callada es la música o la poesía que llega de estar callado y de inclinarse para poner la oreja. Y esta inclinación me parece fundamental, puesto que comporta una actitud de humildad: me dispongo a escuchar sin saber exactamente si hay algo que escuchar.

 

Este acto de callar y escuchar es en soledad, y de ahí la soledad sonora, porque callado, inclinado con la oreja puesta y escuchando, como un radiotelescopio enfocado a la inmensidad del Universo, se reciben, de vez en cuando, impresiones que interiorizadas y reflejadas en el alma llevan a una intuición de sonidos o de palabras por las que se manifiesta el misterio, aunque de forma siempre huidiza.[ 15]


paraula que sempre fuges,

que serpentejant te m’escorres

deixant-me en el silenci del teu so,

paraula quieta

que de significats s’amaga,

paraula callada.

 

paraula fugissera

que no arribant ja te’n vas,

paraula refugiada en la nit,

ombra, ombra esquiva,

només un somni de paraula. [16]


(palabra que siempre huyes,

que serpenteante te me escurres

dejándome en el silencio de tu son,

palabra quieta

que de significados se esconde,

palabra callada.


palabra huidiza

que no llegando ya te vas,

palabra refugiada en la noche,

sombra, sombra esquiva,

solo un sueño de palabra.)



NOTAS.


[1] Wittgenstein, Ludwig. Tractatus Logico-philophicus. Alianza Editorial. Todas les preposiciones citadas están tomadas de esta versión traducida por Jacobo Muñoz e Isidoro Reguera.

[2] Concepto introducido por el filósofo Baruch de Spinoza, y que puede definirse como una manera de contemplar, pensar y sentir desde lo que se llama una perspectiva cósmica, donde lo inabordable y lo inexplicable sí puede ser intuido.

[3] Otto, Rudolf. Lo santo. Lo racional e irracional en la idea de Dios. Religión y mitología. Alianza Editorial.

[4] Jung, C. G. Recuerdos, sueños, pensamientos. Editorial Seix Barral, pàg.

[5] Cardona, Jaume. Alberto Caeiro (Fernando Pessoa): la profundidad de lo sencillo. Blog de Arte y Psicología: http://www.arteypsicologiajc.com/2015/08/alberto-caeiro-fernando-pessoa-la.html

[6] Cardona, Jaume. Fragmento del poema Infimitat (Infimidad).

[7] Ver nota 4, pág.

[8] Zambrano, María. Filosofía i poesía. FCE (Fondo de Cultura Económico), pág. 19

[9] Ver nota 8, pág. 19

[10] Ver nota 8, pág. 20

[11] Ver nota 8, pág. 20

[12] Fragmento de mi poema De la esquerda i el seu buit (De la grieta y su vacío).

[13] Ver nota 12.

[14] Jiménez, Juan Ramon. La trasparencia dios la trasparencia. De Dios deseado y deseante.

[15] Cardona, Jaume. Poesia Callada. Autoedición, pàg. IX de la introducción.

[16] Ver nota 15, pàg. 4 





sábado, 22 de abril de 2023

MIKHAIL TAL: AJEDREZ, ARTE Y HUMANIDAD VS. PROGRAMA Y MÁQUINA.

Quizá sorprenda que en un blog dedicado a los encuentros entre arte y psicología aparezca una entrada dedicada al ajedrez y a uno de sus artistas más destacados y sorprendentes de su historia, el jugador de ajedrez letón, en su momento jugador de la antigua URSS, Mikhail Tal, el octavo campeón del mundo (1960-1961).

Aprovecho también esta ocasión para rendir homenaje al que fue una de mis principales aficiones y pasiones en mi juventud, el ajedrez, este difícil juego considerado una mezcla de deporte, ciencia y arte y que, en su momento, tanto me fascinó (Caissa, la diosa del ajedrez, es una gran seductora). 

Actualmente, el ajedrez humano está puesto en jaque por el gran desarrollo de los famosos motores de ajedrez (Chess Engine), es decir, programas informáticos que son programados para jugar al ajedrez, y que con el tiempo han ido evolucionando hasta ser prácticamente invencibles. Sin embargo, uno se da cuenta de la fortuna de no ser un programa-máquina solo para que hayan existido jugadores que han jugado al ajedrez como Mikhail Tal. Para los jugadores y aficionados al juego son conocidos nombres de programas como Stockfish, Komodo, Fritz, etcétera,  si bien desde hace un tiempo, el programa desarrollado por Google Deepmind, llamado Alphazero, ha llegado a cotas de juego verdaderamente sorprendentes. Muchos de estos motores, unidos a la potencia de los hardware actuales, incluyen además la capacidad de autoaprendizaje (machine learning) a partir de su propia experiencia en el juego, lo que les transforma en "jugadores" de una potencia temible.

Llegados a este punto, y en un momento en el que el programa unido a la potencia de la máquina (el hardware) supera al jugador humano (incluso a los más fuertes grandes maestros), y donde parecería que esto le quita sentido al juego, es un momento, en realidad, para volver a reclamar y reivindicar la condición de arte del ajedrez, el representante de su dimensión más humana. Creo que hay que diferenciar muy claramente un juego como el ajedrez cuando este es jugado por esa combinación de programa y potencia de la máquina en la que se ejecuta (determinada por los procesadores de los actuales ordenadores y la capacidad de los discos de almacenamiento y memorias RAM, etcétera), del mismo juego jugado por seres humanos, expuestos a los límites de su inteligencia y memoria aplicada a la comprensión del juego (una combinación de técnica, estrategia y táctica aplicada a cada fase del juego - apertura, medio juego y final de partida), como también a sus límites psicológicos, tema este que daría para mucho.

II. SOBRE MIKHAIL TAL, EL JUGADOR DE AJEDREZ Y LA PASIÓN.

La aparición de Mikhail Tal fue, en su momento, una revolución en el ajedrez. Su estilo de juego claramente de ataque, agresivo, imaginativo, combinativo, apareció como un vendaval que arrasaba a sus contrincantes sobre el tablero de una manera espectacular para alzarse en 1960, a los 24 años, en el campeón del mundo más joven de la historia (sólo superado más tarde por  Garry Kasparov, en 1985, con 22 años) al derrotar al vigente campeón del mundo en aquellos momentos, el también ruso-soviético Mikhail Botvinnik. Dos estilos absolutamente opuestos se enfrentaban, y un joven que hacía del ajedrez Poesía (Tal) derrotaba al Ingeniero  de 49 años (Botvinnik).

Match por el Campeonato del Mundo de 1960. Botvinnik-Tal

Para comprender el juego de Tal, su talento y la dimensión artística de muchas de sus partidas, verdaderas obras de arte del ajedrez, hay que destacar algunos elementos esenciales que le caracterizaron como jugador, y también como ser humano:

1) La pasión por el ajedrez,
pasión que, en su caso, hay que entender que va más allá del espíritu competitivo y la voluntad de vencer (que, obviamente, también tenía), para situarse en el plano de la belleza en sí mismo del juego y sus posibilidades que, en su caso, concretamente tomaron forma en su incisivo juego de ataque (una sutil combinación de estrategia y táctica). En una ocasión Misha (el diminutivo por el que también se le llamaba) dijo hablando de Caissa, la diosa del ajedrez: 

Al igual que todas las diosas mitológicas, ésta también exige sus sacrificios. Sus servidores son generosos: ¡cuántos de ellos le ofrecieron toda su vida!… pero los sacrificios que con más frecuencia se ofrecen a Caissa son sus propios bienes: alfiles, peones, caballos. ¡Cuántos de ellos son sacrificados para mayor gloria de la diosa! ¡Incluso las propias reinas, a veces, son entregadas voluntariamente! Naturalmente, la suerte de estas ofrendas es muy distinta. Unas cuantas son aceptadas por Caissa y entonces el ajedrecista alcanza la gloria y el reconocimiento de sus contemporáneos. Pero no siempre, ni mucho menos, estos sacrificios complacen a la diosa. Entonces, qué se le va a hacer, hay que esperar a otra ocasión…

Esa entrega a Caissa era su pasión por el ajedrez, una pasión que no se centró tanto en querer alcanzar la gloria por querer ser un gran campeón del mundo, como una gloria alcanzada a través de una búsqueda incansable de la belleza del juego.

2) La belleza no implica necesariamente corrección. Para comprender esta frase hemos de precisar que el ajedrez humano está determinado por varios elementos que, más allá de los conocimientos del juego, así como de la comprensión profunda de estos conocimientos y los límites de la inteligencia y psicología humanas, implican otros factores:

- El tiempo es un factor muy importante en el ajedrez. El jugador de ajedrez juega contra su contrincante, pero también contra el tiempo. Con eso me refiero a que en todas las modalidades del juego del ajedrez (clásico, rápido y blitz o relámpago) el tiempo es un límite para él. Si ese límite es rebasado el jugador pierde la partida aunque su posición sea ganadora.

- Intuición vs. Cálculo. El análisis de las posiciones complejas requiere, en principio, precisión en el cálculo, y la precisión requiere tiempo. Esa combinación de complejidad, precisión y tiempo caracterizaban muchas partidas del Mago de Riga (como también se le conocía).

Tal realizó un gran número de partidas de gran belleza. No obstante, siempre ha sufrido la crítica de los puristas del juego, que le han achacado que, en varias ocasiones, sus complejas partidas de ataque y combinaciones contenían finalmente errores, o que estos bellos ataques no siempre le llevaban a la victoria, o que sacrificaba la corrección por la belleza. No obstante, esas bellas victorias que contenían errores eran detectados "a posteriori" en la comodidad de los sillones desde los que se analizaban tranquilamente las partidas o, como actualmente sucede, cuando se las pasa por el análisis de un motor de ajedrez. Sin embargo, esta comodidad está muy lejos de la del jugador que debe analizar la partida sólo con su mente, sin poder tocar las piezas del tablero  (como cuando se analiza luego una partida) y sabiendo que una posición compleja implica una gran capacidad de cálculo que requiere tiempo, y que el tiempo corre inexorablemente consumiéndose. Tal resumió este espinoso conjunto de "complejidad-precisión-tiempo" en una imagen metafórica muy clara:

DEBES LLEVAR A TU OPONENTE A UN BOSQUE OSCURO Y PROFUNDO DONDE 2+2=5, Y DONDE EL CAMINO QUE CONDUCE A SU SALIDA SOLO ES LO SUFICIENTEMENTE ANCHO PARA UNO .

Dos grandes genios del ajedrez: Bobby Fischer y Mikhail Tal.

La complejidad es el "bosque oscuro y profundo", la precisión la expresaría este curioso "2+2=5" que nos viene a decir que la precisión es muy difícil cuando se está dentro de la densidad de ese bosque, y más cuando el tiempo corre inexorablemente, y que dentro de esa complejidad, dimensiones como la intuición y la creatividad, más allá del cálculo preciso, hacen que no sea evidente que 2+2 vayan a acabar en 4. Y en cuanto "el camino que conduce a su salida es solo suficientemente ancho para uno", es que el camino se abrirá para aquel que mejor se mueva en ese complejo teniendo en cuenta todos estos factores..

"Hay los sacrificios correctos y los míos" (Mikhail Tal).

La belleza de muchas partidas de Tal hay que verlas desde esa prisma, desde su profunda capacidad  en moverse en "bosques oscuros y profundos" por las que finalmente él solía encontrar el camino ancho que le llevaba a la salida antes que su oponente, quien acababa perdido en sus espesuras. Su antídoto al conjunto "complejidad-precisión-tiempo" fue otro conjunto que le caracterizaba especialmente, un conjunto determinado por el complejo "creatividad-intuición-confianza". La belleza de sus partidas, caracterizadas por la complejidad que creaba en ellas, acompañadas de sus espectaculares sacrificios de piezas, y de los ataques que se precipitaban como un tsunami sobre la posición del Rey del oponente, no pueden contemplarse desde la posición purista que indica el error que, finalmente, podía detectar. Es una belleza propia de la obra de arte a diferencia de la perfección de una obra de ingeniería (que caracterizaría el sólido juego de campeones del mundo como Botvinnik, Petrosian, Karpov o Carlsen). Es una belleza en que 2+2, aunque podrían haber sido 4, acaban siendo en manos de Tal 5 porque el oponente de Tal se enfrentaba a un torrente de ideas que caracterizaba ese complejo de "creatividad-intuición-confianza" propio de su juego.

La belleza del juego del ajedrez sólo tiene sentido frente a los límites de la inteligencia, la memoria y la psicología humanas. El juego del ajedrez sólo tiene sentido ante los límites humanos y sus errores. El programa y la máquina no sienten, son fríos e imperturbables, responden a los algoritmos que manejan sus programas gestionados por potentes ordenadores. Ganen, entablen o pierdan no hay reacción: pueden evaluar posiciones y encontrar las mejores jugadas, pero no pueden alegrarse, ni entristecerse o enojarse, no pueden sentir la frustración del límite o su resiliencia, el agradecimiento del aplauso, etcétera. Durante una partida de ajedrez, los grandes maestros alcanzan las 145 pulsaciones por minuto y su presión arterial suele  alzarse hasta un 30% más allá de lo normal. El sostenimiento del stress y la fuerza mental son fundamentales para estos grandes jugadores. Esa dimensión psicológica que afecta a los jugadores humanos es el que da tanto sentido al juego está ausente en los programas y los grandes ordenadores.

Mikhail Tal: la pasión por la belleza del ajedrez

III. MIKHAIL TAL: EL AJEDREZ COMO ESPEJO DEL ALMA. 

En cierta manera podríamos decir que el estilo que un jugador de ajedrez adopta dice mucho de su psicología. En Mikhail Tal esa consideración del ajedrez como espejo del alma sería absolutamente cierto. Su pasión y manera de vivir el ajedrez es un reflejo de su pasión y manera de vivir la vida. De la misma manera que sacrificó la corrección por la belleza, afectado de problemas de salud desde muy joven apostó, como hizo en el ajedrez, por vivir la vida intensamente antes que vivirla "correctamente" para cuidarse. Como en el ajedrez se dejó llevar por su pasión, e igual que su pasión por la belleza le costó en ocasiones obtener mejores resultados, su pasión por la vida hizo que esta se acortara muriendo a los 55 años de un fallo renal (aunque vivió más de lo que los médicos esperaban).

Mikhail Tal con su hija Zannah

Tal era un jugador muy querido por todos sus contrincantes: amable, bromista, ocurrente, compañero. Fue el único jugador soviético al que otro genio de la época, Bobby Fischer, apreciaba profundamente. Sin embargo, al ser poseído por la pasión se emborrachaba de vida, como en el ajedrez se emborrachaba de belleza. Era un ser dionisíaco por excelencia, y es cierto que cuando Dionisos posee también posee el exceso. Misha abusó del tabaco, del alcohol y la morfina. Era también un mujeriego empedernido (se enamoraba y divorciada con frecuencia) a quien un problema de faldas participando en un torneo en Cuba le valió ser sancionado por su federación con su no participación en las Olimpíadas. A diferencias de muchos jugadores soviéticos de su época, Tal rompía la imagen que la URSS de Jruschov o Brétznev pretendía dar a través de su dominio del tablero en aquellos tiempos y así, ante una campaña que el gobierno de Jruschov promovió contra el alcoholismo en la URSS, el siempre jocoso Tal dijo: "¿El estado contra el vodka? Pues yo me pongo del lado del vodka." Era también un "adicto" a la música. Tocaba el piano interpretando a sus compositores favoritos: Tchaikowsky y Rachmaninov. Tal forma parte de estos artistas y creadores que dejándose poseer por la pasión quiere exprimir la vida asumiendo la contrapartida de que la vida también les exprime a ellos. Tal optó, una vez más como en el ajedrez, por exprimir y dejarse exprimir.

Mikhail Tal enfrentándose al gran maestro holandés Jan Timman

Yo tuve la fortuna de verle en el torneo que jugó en Barcelona (Abril-Mayo de 1992), donde ya se le veía con la salud muy deteriorada. Fue el último torneo que jugó antes de fallecer el mes siguiente. Pude verle jugar y vencer en la última partida de ajedrez clásico que jugó, una gran partida, al estilo del Mago de Riga, ante el gran maestro de Azerbaijan, hoy nacionalizado estadounidense, Vladimir Akopian.