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martes, 29 de junio de 2021

JOHANN SEBASTIAN BACH, TOCATA Y FUGA EN D MINOR, BWV 565 Y UNA POESÍA DE HERMANN HESSE: El sentimiento de criatura y lo numinoso.

Recuerdo que oí por primera vez la obra para órgano Tocata y fuga de Bach (BWV 565) en la Basílica de Santa María del Pi de Barcelona, hace ya unos cuarenta y ocho años (tenia 13 años). Aun recuerdo la fuerte impresión que causó en mi aquella interpretación en un entorno como es el característico de una iglesia gótica, una impresión, sino conmoción, que se alargó hasta unos días después de haberla escuchado. Era una de las primeras veces que tenía la impresión de haber estado ante una presencia que estaba más allá de lo físico y que, aun sin palabras, sentía como algo inabarcable. Más tarde comprendí que aquellas impresiones que tuve se correspondían, en cierta medida, con el sentimiento de numinosidad que desarrollo en sus estudios del teólogo alemán Rudolf Otto, de quien tuve posterior conocimiento a través de la obra de C. G. Jung, quien le dio una perspectiva psicológica en la relación del yo con el inconsciente. Desde aquellos días es una obra que he escuchado en repetidas ocasiones, y aunque no como aquella primera vez, siempre me impresiona profundamente el escucharla.


I. EL SENTIMIENTO DE CRIATURA.

La concepción de Rudolf Otto de "Lo Santo" va más allá de lo bueno, dice que es más, que es lo numinoso, un complejo sentimiento que describiremos a partir de esa obra fundamental de Bach. Como dice el teólogo alemán, quizá una buena manera de comprender lo numinoso empieza por comprender uno de sus efectos sobre el ser humano que lo experimenta, un sentimiento concomitante que llamó sentimiento de criatura, un sentimiento de anonadamiento y empequeñecimiento ante algo que se percibe como lo más grande, majestuoso y prepotente, y que como tal es percibido con espanto. Dice al respecto Rudolf Otto que dicho sentimiento "surge al contraste de esa potencia superior como sentimiento de la propia sumersión, del anonadamiento, del ser tierra, ceniza, nada, y que constituye, por así decir, la materia prima numinosa para el sentimiento de la humildad religiosa" [1]. Ese anonadamiento, ese sentimiento de aplastamiento ante lo inmenso es lo que algunos experimentamos escuchando esta obra de Bach.

La tocata y Fuga BWV 565 se divide en tres secciones. Me detendré especialmente en la primera sección, que acompañaré de un video con su análisis musical para quien le interese, y que constituye el fundamento de la obra. A los que prefiráis escucharla de entrada os dejo al pie del comentario un video con una magnífica interpretación de la obra por parte del organista Hans-André Stamm, 

II. MYSTERIUM TREMENDUM: LA PRIMERA SECCIÓN DE LA TOCATA Y FUGA.

La primera sección, con la que se abre la obra, y que es su base y fundamento, nos permite identificar perfectamente una de las cualidades que Rudolf Otto destacó de ese sentimiento: lo tremendum, sentimiento que hay que entender como el temor que siente el ser humano hacia la presencia de lo desconocido, de lo que trasciende la realidad material de la existencia. Esta primera sección de la obra está dividida en dos subsecciones que nos permitirán, con cada una de ellas, establecer los tres cualidades esenciales que caracterizan este tremendum: la maiestas tremenda (o prepotencia), el estremecimiento y la energía.

La primera subsección, a su vez, la podemos dividir en dos partes. La primera de ellas (ver video 1 desde el inicio hasta el 1'10"), y sin lugar a dudas, nos presenta el surgimiento aplastante de la maiestas tremenda (majestad tremenda). Efectivamente, el inicio de la obra caracteriza esta maiestas como una presencia de la grandeza tremenda, prepotencia absoluta que se corresponde con la relación antinómica generada en el ser humano de aquello que antes se ha definido como sentimiento de criatura. El órgano nos ofrece en esa entrada todo su potencial para sugerir lo trascendente, lo divino (y lo demoníaco, como también precisaría Otto) como una manifestación que parece descender desde una dimensión espiritual a lo humano con toda su grandeza y energía desbordante.

La segunda parte (ver video 1 desde el 1'10" hasta el 1'49"), nos explica que esa aparición inicial de la grandeza tremenda en la obra de Bach vaya de la mano del estremecimiento, estremecimiento que se produce por la impresión que nos dan las notas graves, se diría que provenientes de profundidades abismales, que Bach utiliza. Estremecimiento que se produce al estar ante una verdadera presencia de algo grande que está más allá de lo natural, y que se manifiesta de manera aplastante: 

Estremecerse no es un temor natural, sólito, ordinario, sino ya un primer sobresalto y barrunto de lo misterioso, aun cuando en su forma más tosca de inquietante y siniestro; es una primera valoración, según una categoría que no reside ni se refiera a objetos naturales, y que sólo es posible para aquel en quien se ha despertado una peculiar predisposición de ánimo, distinta de la natural, que al principio se manifiesta en forma brusca y grosera, y sin embargo, ya revela una nueva función o manera especial de sentir y valorar del espíritu humano. [2]

En esa primera sección se aprecia en toda su intensidad esta relación entre la presencia de lo numinoso y el estremecimiento propio del sentimiento de criatura (ver en video desde el inicio has el 1'49").

1ra sección de la tocata y fuga BWV565 de Bach

La segunda subsección (ver video 1 desde el 1'49 al final)nos presenta la tercera cualidad de lo tremendum, que es la energía, a la que hay que entender como la energía con la que se presenta lo numinoso que se impone de manera desbordante y avasalladora. Es la energía creadora y destructora a la vez. Nos los podemos imaginar como la energía explosiva, y todo lo que de ella se deriva a partir de ese momento inicial con el que se inicia el Universo, el Big Bang del comienzo hasta nuestros días. En esta parte, Bach logra este efecto por la alternancia de los progresivos melódicos ascendentes y los descendentes, así como por las rápidas repeticiones y los graves que le siguen hasta la cadencia final. Al respecto de la energía dice Otto al respecto: 

Esta energía del numen se percibe con gran intensidad en la orgé o cólera, y evoca expresiones simbólicas, tales como la vida, la pasión, esencia efectiva, voluntad, fuerza, movimiento, agitación, actividad, impulso. Estos rasgos o caracteres con que se presenta, se repiten sin desfiguración esencial, desde los grados inferiores de lo demoníaco hasta la representación del dios viviente. [3]

Dado el contexto musical en el que realizo este comentario, y en relación a la concomitancia de sentimientos entre lo numinoso y el sentimiento de criatura de la que habla Rudolf Otto, me gustaría ofrecer un ejemplo también concomitante en el orden de lo musical. Consciente de la subjetividad de mi elección, no obstante, me parece una pieza que transmíte esa sensación de empequeñecimiento y fragilidad, de anonadamiento que caracteriza el sentimiento de criatura. Me refiero a la maravillosa pieza del adagio in D menor, correspondiente al concierto para oboe y cuerdas del compositor del barroco italiano Marcello Alessandro. El motivo de mi elección viene dado también porque fue Bach quien la popularizo con su famosa adaptación para oboe y clave. Una obra barroca que, no obstante, se diría de características esencialmente románticas que, en su delicadeza y fragilidad, es una excelente contraposición de la inmensa y grandiosa tocata y fuga de Bach. Por mi parte os dejo una adaptación para violín y piano que es de mi especial agrado, e interpretada por el gran violinista ruso Viktor Tretyakov:

Adagio en D menor de Marcello Alessandro

Hay que indicar que esta primera sección de la obra incluye también las otras dos características del sentimiento de lo numinoso: el misterio y el fascinans. 

El misterio a través de la sensación de estar ante una presencia desconocida e imponente que nuestra condición humana no puede abarcar. Presencia inalcanzable e incomprensible que se escapa a nuestras nociones humanas que tratan de comprender lo que está más allá de ellas. Misterio que se presiente también por sus paradojas y antinomias que en la obra las podemos sentir entre la rotundidad de su inicio, que nos introduce en la maiestas tremenda (primera parte de la subsección 1), y la gravedad del arpegio y la cadencia con la que finaliza (segunda parte de la subsección 1) que nos lleva al estremecimiento. 

El fascinans, tiene que ver con la sensación de atracción y retracción que lo numinoso ejerce sobre el oyente, como la música que oímos nos capta, nos embarga y nos envuelve con su grandiosidad, al mismo tiempo que nos queremos alejar de ella. Como con el vértigo, el abismo nos atrae y nos repulsa. Pero con esa pieza de Bach, continuamos allí, "fascinados" por su presencia. Como dice Otto acerca de la fascinación: "Ambos elementos, atrayente y retrayente, vienen a formar en sí una extraña armonía de contraste" [4]. 

Hermann Hesse escribió una poesía a esta obra de Bach, a la que tituló Zu Heiner Tocata von Bach (Por una Tocatta de Bach), en la que su primera estrofa resume, con la fuerza también de la palabra poética, el sentido de esta primera sección:

                                Silencios primigenios, congelados ... oscuridad soberana ...

                                He aquí, un resplandor irrumpe entre las grietas de las nubes rotas;

                                abismos de las garras ciegas del no ser,

                                erige espacios, escruta el resplandor de la noche,

                                picos revela y crestas, acantilados y profundidades,

                                aires azules iridiscentes, sólida hace la tierra. [5]



III. SEGUNDA Y TERCERA SECCIÓN SECCIÓN DE LA TOCATA Y FUGA: LA ENERGÍA. LA FUERZA CREATIVA. CREACIÓN Y DESTRUCCIÓN.

La segunda sección de la obra es una continuación de la energía creativa con la que acaba la la segunda subsección de la primera. La rapidez de la melodía, la rapidez de la alternancia de las melodías ascendentes y descendentes, de los agudos y los graves hace casi inevitable reflexionar en "los tres primeros minutos del Universo" (por seguir el título de un libro ya clásico del físico y premio Nobel Steven Weinberg). Una sucesión de creaciones y destrucciones que, a su vez daban nuevas creaciones, dando inicio al proceso de la creación que ha llegado hasta nuestros días. Hesse lo recoge en la segunda estrofa de su poema:

                                                El creador, por acción y guerra, radiante,

                                                corta el grueso bulto germinado:

                                                el mundo en llamas brilla asombrado,

                                                se transfigura, donde la semilla cae en llamas,

                                                se pone espléndido y canta gloria

                                                a la vida y la victoria a la luz creadora.



La tercera sección
de la obra, que toma como base un retorno a la tonalidad principal, se divide en dos subsecciones que parecen desarrollar desde la misma energía e intensidad aquel misterioso punto infinitesimal que dio lugar a la singularidad del Big Bang hasta el universo de hoy en día, destacando el surgimiento de dos singularidades: la vida y la consciencia. Hesse lo recoge en la tercera estrofa de su poema:


                                        Y de nuevo, se apresura, de regreso al ser supremo,

                                        y en el ímpetu de cada criatura extrema urge

                                        al gran impulso, al Espíritu Patriarca.

                                        Y se convierte en lenguaje, imagen y canto, alegría y dolor;

                                        a un templo de la victoria, mundo sobre arcos del mundo;

                                        es impulso, es lucha y alegría, es conciencia, es amor.




Es evidente que nos hallamos ante una de las obras cumbre de la música que sólo la genialidad de Johann Sebastian Bach podía componer.

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VIDEO DE LA INTERPRETACIÓN DE LA OBRA COMPLETA.


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[1] Otto, Rudolf. Lo santo. Lo racional y lo irracional en la idea de Dios. Alianza editorial bolsillo, pág. 31
[2] Ver nota 1, pág. 26
[3] Ver nota 1, pág. 36
[4] Ver nota 1, pág. 51
[5] Traducido de la versión italiana realizada por Lucio Pescarolo (pulsar aquí para enlace)








domingo, 9 de junio de 2019

FRANZ JOSEPH HAYDN: Sobre el preludio y recitativo inicial del oratorio de "La Creación".

Franz Joseph Haydn.
Me gustaría empezar esta reflexión sobre la etimología de la palabra religión. A mi siempre me ha gustado aquella que la deriva de "religare", palabra latina compuesta del sufijo intensivo "re" y de la palabra "ligare", que significa ligar, amarrar. Religión, como "religare", querría decir atar o amarrar con intensidad. Yo creo que esta aproximación tiene mucho sentido, sobretodo porque religar significa que debemos unir algo que se ha separado, que se ha desatado, o bien que debemos ligar aún más fuerte algo que ya estaba ligado. De hecho, el diccionario de la lengua lo define como: volver a ligar, o bien, ligar aún más estrechamente. Y es en ese sentido que, paradójicamente, la consciencia nos separa del todo. La conciencia se crea partiendo de una distancia, una distancia que, al decir de Lacan, genera también una discordia. La conciencia, poco a poco, nos ha hecho observadores, y la observación ya conlleva un cierto distanciamiento de lo observado. Y de esa observación han surgido las grandes preguntas existenciales sobre el sentido de lo existente. La religión surgía como algo que pretendía religar estas distancias dando respuestas, ya sea a través de sus mitologías y rituales, ya de sus textos. Respuestas a hechos tan terribles como la muerte, la enfermedad y el sufrimiento, así como a los propios orígenes de todo. Intentaban responder el misterio de la existencia.



Una de las manifestaciones de la conciencia que siempre me ha atraído es el arte. El Arte como una manera de aproximarse al misterio ... Un lenguaje que se halla más allá de la religión, la filosofía y la ciencia, el arte como un vehículo que también intenta re-ligar el ser humano con el MISTERIO. A través de él se nos manifiesta todo el espectro que va desde la consciencia como discordia a la consciencia como concordia. Es desde esta perspectiva que os propogo escuchar el preludio musical de este magno oratorio "La representación del caos" (ver más abajo), así como el recitativo y el coro que le siguen, y que nos narra la creación de la luz por parte de dios. Más allá de su inspiración con los hechos que nos relata el Génesis, así como en el poema "El paraíso perdido" de Milton, me parece importante lo que transmite la música y el canto en sí mismos. La representación del caos se nos presenta con una utilización revolucionaria - en aquellos tiempos - de las disonancias, las sincopas y los cromatismos que dan una fuerte sensación de confusión y caos previos a la creación, es decir, previo al BIG BANG, de lo incognoscible que debía suceder en el interior de aquel punto infinitesimal con el que todo empezó, un punto infinitesimal que era un centro y un todo indiferenciado. Como ya muchas antiguas mitologías nos decían, el centro (representado por montañas sagradas, templos, ciudades) era el lugar donde se encontraban las tres grandes regiones: el cielo, la tierra y el infierno. En el recitativo que sigue al preludio, cantado por la voz grave del bajo, representante del Angel Rafael, se nos dice:

                                                         Al principio creó Dios el cielo y la tierra,
                                                         pero la tierra estaba informe y vacía,
                                                         y las tinieblas cubrían la superficie del abismo.

O sea, en este centro ya convivían los tres mundos: cielo, tierra y tinieblas. Convivían mezclados y lo informe dominaba.

El momento esplendoroso llega al terminar el preludio, con la entrada del coro, donde las voces lentas, casi como un susurro, como la música que las acompaña, nos describen, tal como lo hace el Génesis, la presencia de Dios en este momento previo al estallido de luz:

                                                         Y el espíritu de Dios se movía sobre la superficie
                                                         del agua; y Dios dijo:

Lentos, el coro y la música siguen murmurando las palabras creadoras de Dios:

                                                         Hágase la luz! (Se Werde Licht!)
                                                         Y fue la luz. (Un der was Licht!)

Y, de repente, al pronunciar la última palabra ... LICHT! (LUZ!), la orquesta estalla de manera atronadora de tal manera que se siente y se nota que la luz se hace, que se hace un estallido. La luz acompañada de un largo y ensordecedor trueno ... EL BIG BANG.

Cuando escucho este pasaje me parece escuchar el misterio que dio inicio con el estallido del BIG BANG, el estallido que dio inicio al tiempo y al espacio, o si se prefiere, al espacio-tiempo, y que dentro de los fenómenos que sucedieron, suceden y sucederán, llegó también con la aparición de la vida, y luego con el de la conciencia (aquí es inevitable recordar el inicio del poema sinfónico de Richard Strauss, Así habló Zaratustra, cuando el pre-homínido de 2001 Una odisea en el espacio, descubre el poder destructor de un hueso golpeando violentamente los restos de un esqueleto, dando así inicio a la historia de la conciencia, ese otro gran estallido dentro de este Universo).

Imagen relacionada
Estela de Akhenaton, Nefertiti y sus hijos bajo los rayos de Aton.

Esta misma conciencia es la que permitió a Haydn crear un oratorio como este y, especialmente su preludio y el recitativo y coro con el que da inicio la creación. Una conciencia capaz de estremecerse ante el hecho de la creación, ante este momento con el que todo comenzó, consiguiendo expresarlo con una belleza y una intensidad sobrecogedora, una consciencia donde el observador y lo observado se unen, se re-ligan. 

La fascinación de la luz erigiéndose sobre las tinieblas iluminándolas siempre ha atraído al ser humano. La imagen del Sol elevándose sobre el horizonte siempre nos asombra en este sentido, una imagen que ya poetizó el faraón hereje Akhenaton (Amenofis IV) quien estableció un único culto en un Egipto de numerosas divinidades, el culto a Atón, dios solar, a quien canta en un su Gran Himno:

                                                    Cuando apunta el día al horizonte oriental,
                                                    llenas todas las regiones con tu perfección.
                                                    Eres bello, grande y brillante.
                                                    Te elevas por encima de todas las tierras.
                                                    Tus rayos abastan las regiones
                                                    hasta el límite de todo lo que has creado.



Tres mil trecientos años después, Pierre Teilhard de Chardin, sacerdote jesuita, científico y místico, escribía en el desierto de Ordos, en la Mongolia interior, las siguientes palabras (La Misa sobre el mundo - 1923 -):

El sol acaba de iluminar, allá lejos, la franja extrema del horizonte. Una vez más la superficie viviente de la tierra, se derspierta, se estremece y vuelve a iniciar su tremendo trabajo bajo la capa móvil de sus fuegos.

Esa fascinación casi numinosa ante nuestra estrella, es un reflejo que transmite la fuerza de esta nota sostenida que hace estallar la orquesta, y que más allá del dios bíblico, nos une a la profundidad del misterio de la existencia, el punto en el que comienzan los pasos que lo acompañan: el que va del caos al cosmos, de lo inanimado a lo animado, de lo animado a lo animado consciente, de lo consciente a... 


Imagen relacionada
Obertura de "La creación".


PARTE 1RA DE LA CREACIÓN. 
EL PRELUDIO MÁS EL RECITATIVO Y CORO
ESTÁN EN LOS PRIMEROS 12 MINUTOS.

















domingo, 26 de agosto de 2018

NOVALIS. CUANTO MÁS POÉTICO MÁS VERDADERO. Reflexiones en torno a la poesía

Novalis.
Todo el que ha participado en conversaciones sobre poesía, lo poético, habrá tenido la experiencia de que tales conversaciones normalmente no tienen fin. En ese no querer terminar se manifiesta, así lo creo, un rasgo esencial de lo poético: su pretensión de infinitud. Una pretensión que aparte de su imposibilidad de realización, repetidamente experimentada y tenida en cuenta, siempre se abriga de nuevo. (Paul Celan)

"La poesía es lo absolutamente real. Esta es la esencia de la nueva filosofía. Cuanto más poético, más verdadero." (1) Así dice el fragmento escrito por Georg Philipp Friedrich von Hardenberg, más conocido como Novalis. Hace ya unos veinte años que compré un libro (ver nota 1) que recogía fragmentos del pensamiento de Novalis. Quedé impresionado, en especial, por sus reflexiones sobre la poesía. Encontraba en sus palabras algo que me aproximaba a la experiencia que yo tenía de ella, y que como dice Paul Celan en el fragmento que inicia esta reflexión, se mueve entre la consciencia de la imposibilidad de aquello que persigue y, no obstante, la continua renovación de la insistencia en ello. La reflexión que sigue esta inspirada en las palabras de Novalis, por ello he considerado importante que en el título figurara él.

¿Qué es lo que el lenguaje poético transmite que ninguna otra palabra es capaz de transmitir? Para el poeta no es tan importante llegar al absoluto, o encontrarse con el Creador, como sorprenderse con que "el mundo sea", como diría Wittgenstein. No está tan preocupado por el creador como por la creación, en tanto esta da testimonio de una presencia inexpresable. Y cantando la creación como la canta un poeta el misterio de la existencia adquiere una dimensión abrumadora. La poesía es la dimensión romántica de la palabra, en ella se unen el misterio de la existencia y la infimidad del ser humano frente a ella. La poesía es la palabra envuelta del misterio, la palabra que se trasciende a sí misma por el encuentro que en ella se da del alma infinitesimal del ser con el alma infinita del mundo.

Decía Wittgenstein en su Tractatus: "Lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico." La poesía es la palabra que intenta expresar este inexpresable, lo místico - por eso los místicos son también poetas -. Rodea con la palabra lo inexpresable: no llega  - por eso  es inexpresable - y, sin embargo, trasciende el limite de la palabra logrando transmitirnos su presencia. Hace poco escribía los siguientes versos:

                                                 La meva poesia s’escriu mentre giro i giro,
                                                 donant voltes al Misteri de l’Existència
                                                 com la Lluna gira al voltant de la Terra,
                                                 o la Terra al voltant del Sol, sota l’influx
                                                 de la força de la gravetat. Així dono voltes jo,
                                                 sense fer-me preguntes ni buscar respostes,
                                                 girant sota la gravetat de l’existència,
                                                 emetent versos com a perles que la infinitud
                                                 modela sobre l’ínfim gra de sorra que soc. (*)

Es por esto que hablaba de su naturaleza romántica. Porque sólo el poeta puede ver una galaxia más allá de las leyes que la explican, sólo el poeta puede ver esta presencia de lo inexpresable que no se expresa con leyes ni teorías. Sólo el poeta aproxima la palabra para que nos lo sugiera. En la película Parque Jurásico III, hay un momento muy interesante donde el paleontólogo Allan Grant, interpretado por Sam Neill, le dice a Eric, el joven al que han ido a rescatar de la isla de los dinosaurios, la isla Sorna:

Yo tengo la teoría de que hay dos clases de jóvenes, los que quieren ser astrónomos y los que quieren ser astronautas. El astrónomo, o el paleontólogo llega a estudiar estas maravillas desde una posición de seguridad plena ...

Pero nunca llega a ir al espacio - le contesta Eric -

Exacto! - continúa Allan -. Es la diferencia que hay entre imaginar y ver, tener la posibilidad de tocar.

El poeta, a diferencia del filósofo, o del científico, o del teólogo, no se conforma con observar y estudiar, con pensar o analizar la existencia, el poeta la quiere tocar para ser consciente de ella, para a través de ella estar en contacto con lo inexpresable. Decía Thoreau en unos versos:

                                                 No puedo estar más cerca de dios y del cielo
                                                 que viviendo en la serenidad de Walden.
                                                 Soy su orilla pedregosa
                                                 y la brisa que pasa.
                                                 En el hueco de mi mano
                                                 están su agua y su arena,
                                                 y su más profunda riqueza
                                                 está en lo alto de mi pensamiento (2)

Novalis dice que "el poeta entiende la naturaleza mejor que la mente científica." (3) Si yo lo expresara lo diría de una manera diferente: "el poeta comprende la naturaleza mejor que la mente científica, que sólo la entiende." Pero aún añadiría algo más: El poeta comprende la naturaleza con la voluntad de aprehenderla. La etimología de las tres palabras nos dice muy bien qué tipo de conocimiento implica cada una de ellas:

Entender, que viene del latín "intendere", compuesta del prefijo "in" que significa "dentro" y la palabra "Tendere", que significa "estirar". Es decir, ir a dentro para estirar algo, o sea, conocer un objeto para incorporarlo a nuestra estructura mental. Por eso "vamos a dentro para estirar de él".

Comprender, del latín "comprehendere", compuesta del prefijo "cum" que se entiende como "con", o también "unión", y la palabra "prehendere", atrapar. Fíjese aquí la importancia del prefijo "cum", que implica algo más que "entender", que conocer "mentalmente", comprender, desde el "cum", es un entendimiento que lo implica todo, no sólo la estructura mental, sino también la emocional y la más instintiva, es una comprensión que, como diríamos los gestálticos, es una apreciación holística, mientras que entender lo es sólo mental. El comprender, por lo tanto, tiene mucho que ver con la la capacidad de la empatía.

H. D. Thoreau.
Aprehender, del latín "apprehendere", compuesta del sufijo "ad", es decir, "hacia", y de "prehendere" que, como ya vimos, significa atrapar. O sea, ir a atrapar, a hacer propio algo. No sólo lo entiendo, no sólo lo comprendo, sino que lo interiorizo y lo hago mío, no como algo posesivo, sino como algo de lo que formo parte. Es así como podemos comprender los versos de Thoreau anteriormente citados. Thoreau no sólo entiende, no sólo comprende, aprehende, es decir, lo hace suyo y él mismo se hace de lo otro: Soy su orilla pedregosa / y la brisa que pasa. / En el hueco de mi mano / están su agua y su arena, / y su más profunda riqueza / está en lo alto de mi pensamiento. Este "está en lo alto de mi pensamiento" es el aprehender.

Entender la poesía como la dimensión romántica de la palabra es esta relación que el poeta mantiene de aprehensión con el mundo, una relación que mantiene no sólo con la mente y la razón, la mantiene también con sus sentidos y su escucha, que le mueven emocionalmente con lo que contempla. El poeta, cuando mira una flor, la ve, y su ver va más allá de la mirada diseccionadora del científico o de la mirada meramente estética que se complace con su belleza. A través de la flor que el poeta contempla éste entra en contacto con la vida y su misterio. Poeta y flor se convierten en conciencia y maravilla, alma que contempla y alma que en el reflejo de lo contemplado en la conciencia me contempla, formando parte de algo que nos une, que nos conecta. Y la palabra poética intenta transmitir  este misterio que envuelve el ser consciente y el ser vivo, la existencia y el cosmos... El poeta, como dijo Thoreau, quiere extraer "todo el meollo de la vida", y es evidente que este meollo es más que estrictamente la suma de las partes o que la experiencia estética, aunque, sin embargo, éstas no están excluidas. Novalis lo dijo también con unas bellas palabras con uno de sus fragmentos:

Toda poesía interrumpe el estado cotidiano - la vida ordinaria, casi, como el dormitar, para renovarnos - y así, mantener siempre despierta la conciencia de vivir -. (4)

________________

(*)

Mi poesía se escribe mientras giro y giro,
dando vueltas al Misterio de la Existencia
como la Luna gira alrededor de la Tierra,
o la Tierra alrededor del Sol, bajo el influjo
de la fuerza de la gravedad. Así doy vueltas yo,
sin hacerme preguntas ni buscar respuestas,
girando bajo la gravedad de la existencia,
emitiendo versos como perlas que la infinitud
modela sobre el ínfimo grano de arena que soy.

_________________

[1] Novalis. Fragments. Quaderns Crema, 8- Ed. a cura de Robert Carner-Liese
[2] Thoreau, H. D. Poesía Completa. Ediciones el Gallo de Oro.
[3] Ver nota 1.
[4] Ver nota 1.