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domingo, 19 de diciembre de 2021

LA MÚSICA CALLADA DE FREDERIC MOMPOU: LA MÍSTICA DE LA HUMILDAD.


Hace poco veía el anuncio de un coche de gama alta donde se comparaba la vida en función de aburrirse coleccionando sellos o, todo lo contrario, de vivir una vida intensa, la vida como una aventura permanente que hay que exprimir hasta la última gota (con el coche, claro), es decir, la vida al servicio de la adrenalina. Esta triste comparación del anuncio es propia del exceso en el que vivimos. Exceso de inmediatez, exceso de información, exceso de vivir la vida como si se nos escapara a cada instante, exceso de explotación a todos los niveles, y también de auto-explotación y, curiosamente, exceso de vivir la vida también virtualmente a través de plataformas digitales de todo tipo que, mira por dónde, nos distraen de vivir. 

En este tiempo de excesos es más pertinente que nunca poner la atención en una obra como es la Música callada, del compositor catalán Frederic Mompou. Ante estos excesos que nos imponen nuestras sociedades occidentales, nos encontramos con la sobriedad de una obra donde no falta ni sobra nada. Ni muchas ni pocas notas, las justas. Libre de excesos de todo tipo, libre de todo ornamento innecesario. Hace ya muchos años que la conocí y, desde el primer momento, me cautivó.

la noche sosegada,
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora.

Inspirada en estos versos de San Juan de la Cruz, la Música callada consta de veintiocho piezas para  piano escritas en 4 cuadernos entre 1959 y 1968. Una obra para piano que entra en toda una dimensión anímica y espiritual, otra manera de experimentar la vida y el misterio de la existencia. La noche sosegada, la música callada, la soledad sonora, ¡que impresiones tan alejadas del exceso y la inmediatez actuales con los que vivir se vincula!

Quizás por mi familiaridad con el haiku, la música callada de Mompou se me hace evidente que se compone en esta frontera brumosa entre lo expresable y lo inexpresable, una frontera donde las impresiones sólo se pueden sugerir. Y la poesía, como la música, creo que son dos de los lenguajes más apropiados para el caso. Moverse en esta frontera es, por tanto, moverse en el misterio:

¿La poesía podrá ayudarnos un poco? Si hay Alguien que lo puede —ayudar, nada más que ayudar un poco a descorrer el velo a la vez diáfano y opacísimo—, ese Alguien es sin duda la poesía. O la mística. Mística, música y poesía son un prisma de absoluta unidad y de evidente trinidad de luz que emana y refracta. [1]

Creo que para comprender la Música Callada de Mompou es interesante empezar por algunas etimologías, como la de silencio, del latín sillentium, que significa estar callado. Y también la de escuchar, del latín auscultare, que significa poner la oreja y, según algunas versiones, inclinarse para poner la oreja. Por lo tanto, la música callada es aquella que llega de estar callado y de inclinarse para poner la oreja. Y esta inclinación me parece fundamental, dado que conlleva una actitud de humildad: el receptor se dispone al emisor.

Este acto de callar y escuchar es en soledad, y de ahí la soledad sonora, porque callado, inclinado con la oreja puesta y escuchando, como un radiotelescopio enfocado a la inmensidad del Universo, se reciben, de vez en cuando, impresiones que interiorizadas y reflejadas en el alma llevan a una intuición de sonidos o de palabras por las que se manifiesta el misterio, aunque de una manera siempre huidiza.

Notas que surgen esquivas del alma del compositor como resultante del roce  de la consciencia con el misterio de la existencia. En un poema mío expresaba esta sensación con los siguientes versos:


                                    Ni la fulla ni el vent que l'agita,

                                    la remor. Ni l'onada que trenca

                                    ni la roca colpejada, el so,

                                    igual que l'ànima s’escolta 

                                    en el meu frec amb l'existència. 


                                   (Ni la hoja ni el viento que la agita,

                                    el rumor, Ni la ola que rompe

                                    ni la roca golpeada, el sonido,

                                    igual que el alma se escucha

                                    en mi roce con la existencia)


La música de Mompou nos llega de una vivencia humilde de lo místico: vivir el misterio de la existencia consciente de la imposibilidad de desvelarlo y, no obstante, callado, seguir inclinado con la oreja puesta. Así lo observamos en la interpretación de la primera pieza de la serie. A los que la queráis escuchar, os la dejo (todas las piezas utilizadas en esta entrada están interpretadas por Javier Perianes).



Observamos en ella esa sencillez melancólica que caracteriza su música, una melancolía propia de una cierta mística poco dada a la estridencia, una mística íntima e ínfima que se complace en la etimología de la palabra, que se complace en el misterio, consciente de que tan solo acaricia un horizonte singular que separa lo representable de lo irrepresentable, aquello que persiguiéndose siempre huye y que, precisamente, encuentra ese roce en las resonancias y disonancia que tanto caracterizan su música callada, resonancias a veces largas, muy largas que parecen dirigirnos hacia un silencio que precede al tiempo. Así lo observamos en su pieza número IV:



Mompou recurre también a ciertas melodías infantiles cuyo origen se halla en el folclore catalán (ver piezas III y XIII) para hacer una referencia a esa infancia de la que ya traté en la entrada dedicada a las Kinderszenen (Escenas para niños) de Robert Schuman (pulsa aquí para acceder a la entrada) en relación a la pieza de Traumerei (Ensueño), y que traslado aquí dada su pertinencia:

Un tiempo y callado misterio de amor. Este tiempo y este misterio de amor (¿pues acaso el verdadero amor no requiere de la inocencia) es el lugar de los ensueños al que Schuman, como Tagore, acceden con su mirada de niño mayor. Es el lugar que por ínstantes sentimos como enamorados, momentos en que se parece tocar el paraíso: "Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso", dice Borgues, o lo que es lo mismo desde mi punto de vista: "No pasa un día en que no estemos, un instante, en un eco del sueño del paraíso", Träumerei es el sueño de un niño que a su vez recoge la nostalgia del poeta por el sueño de ese niño. 

Efectivamente, el silencio al que nos dirige Mompou se manifiesta, en ocasiones, como un paraíso que se relaciona con la inocencia, con la infancia, si bien con una inocencia y una infancia también pre-temporales o, como digo en el texto citado, el eco de un sueño del paraíso, lo que, y por una vez más, se relacionaría con la importancia de las disonancias y resonancias en su Música callada. Veamos un ejemplo en la pieza III:



Esa mística de vivir el misterio tiene también sus momentos de duda, momentos depresivos y sus noches oscuras. Momentos y períodos donde se instala la desazón y el sinsentido, donde el Cosmos y el ser humano parecen hundirse en una ciénaga de desesperación, de cansada desesperanza. Y, no obstante, es el necesario "a veces hay que perderse para encontrarse uno mismo" de Kierkegaard, que también podría contemplarse, desde una visión más junguiana, como una nigredo espiritual, como una travesía en el desierto como Jung también destacó en su Libro rojo, un estado de vaciamiento en el camino hacia el desarrollo del alma:

Mi alma me conduce al desierto, al desierto de mi propio sí-mismo. No pensaba que mi sí-mismo era un desierto, un árido, caluroso desierto, polvoriento y sin bebida [...]

¿Porqué mi sí-mismo es un desierto? ¿He vivido demasiado fuera de mí, en los hombres y las cosas? ¿Porqué rehusó de mi sí-mismo? ¿No me apreciaba? Sin embargo, he evitado el lugar de mi alma. [2]

Quizá por eso, dice el mismo Mompou acerca de su obra:

Esta música es callada porque su audición es interna. Contención y reserva. Su emoción es secreta y solamente toma forma sonora en sus resonancias bajo la bóveda de nuestra fría soledad. [3]

Observamos estos momentos en piezas como la V, VII o la XXI. Junto a estos, también escuchamos momentos de duda y de zozobra en piezas como la II, VI o XVIII, aunque también estas se caracterizan, como veremos, por la persistencia a pesar de esa duda y esa zozobra.

Como en el proceso de individuación descrito por Jung, el proceso espiritual no es lineal y progresivo, sino el resultado de dos movimientos que se alternan: uno progresivo y otro regresivo. Al aclaramiento de la consciencia que vemos en el primero, les siguen los períodos de ofuscación y confusión del segundo. En términos de libido también podemos observar que la progresión se caracteriza por un movimiento de extraversión, de proyección sobre el mundo exterior, mientras que la regresión lo hace en un movimiento de introversión psíquica, de vuelta hacia el propio sujeto. En la obra de Mompou parece también darse esa oscilación, y así junto a los momentos de duda y ofuscamiento también escuchamos momentos de claridad, de paz y serenidad. Momentos de luz en la oscuridad (piezas VIII y XXVI), momentos de serenidad y de comprensión, de discriminación (piezas XI, XIX, XXII), momentos de iluminación (piezas XXIII, XXVII y XXVIII). Especialmente bello me parece la pieza XXVIII:



De la obra de Mompou se desprende también una característica de esa relación mística con la existencia: la persistencia, es decir, no declinar en la escucha, estar siempre como un radiotelescopio en la noche oscura, escuchando en silencio, siempre dispuesto a resonar con el silencio sonoro. La persistencia humilde es en sí misma la relación con el misterio, la frontera y horizonte singular en la que lo irrepresentable se manifiesta como efecto sobre el alma humana, de la misma manera que se curva el espacio por efecto de la gravedad. Así parecemos escucharlo en piezas como la II, VI, XIV, XV, XVII o la XXV. 

Y al final del camino siempre está el Amor. El Amor es el sentimiento que resuena finalmente en toda la Música Callada de Mompou. Entre la delicadeza y la melancolía, entre la desesesperanza y la esperanza, entre la depresión y la iluminación, al final, todo el camino lo transcurre el Amor. La presencia de un amor próximo y lejano que acompaña desde esa próxima lejanía.

_______________________

[1] Diego, Gerardo. Introducción al comentario del ciclo integral "Mompou: música para piano". Fundación Joan Mach. Febrero de 1988.
[2] Jung, C. G. El libro Rojo. El hielo de Ariad-Malba-Fundación Constantini. Edición castellana a cargo de Bernardo Nante, pág. 234
[3] Janés, Clara. La vida callada de Federico Mompou. Visa Roto ediciones, pág. 250



domingo, 30 de octubre de 2016

JESÚS LIZANO: MÍSTICO POR DENTRO Y LIBERTARIO POR FUERA.

Jesús Lizano, fallecido hace un ahora un año y medio, es uno de esos poetas que tanto quiero y al que todos tendríamos que frecuentar para recordar la fuerza de la inocencia que también habita en todo ser humano y observar que inocencia no es simplicidad ni es tonta candidez. Antes todo lo contrario: energía, entusiasmo, transparencia, sencillez, penetración, introspección, compromiso, genuina emoción, profundidad de sentimiento... hondura de una alma. Esas son también características de la inocencia o, por lo menos, de la inocencia de la que Jesús Lizano se hace voz con su poesía. Quizá por esas características que su voz nos transmite llamamos hoy a esa inocencia idealista, utópica, soñadora o incluso infantil, lo cual ya nos da que pensar acerca del tipo de sociedad que acoge a nuestros hijos. Autor de "Lizania", su gran aventura poética, se propone como defensor de lo que el llamó "misticismo libertario" que preconizaba la evolución que el veía del Mundo Real Salvaje, donde todo se incluye excepto el hombre, que se encuentra encerrado y preso del Mundo Real Político y cuyo camino de liberación le proyecta al Mundo Real Poético caracterizado por la "acracia" que, frecuentemente considerada sinónimo de anarquía es, no obstante, distinta. Mientras que la anarquía implica ausencia de gobierno o de Estado, la acracia implica ausencia de coerción, es decir, la ausencia de castigo o pena en el sentido legal o ilegal. Dice Jesús del Mundo Real Poético:

Basta observar las obras de arte y no solo ellas sino la capacidad generalizada de sensibilizarse, de sentir profundamente, de hacer vibrar la belleza que tiene en potencia lo real en los seres humanos para admitir que ese mundo real poético, ya posible en uno o en otro grado en algunas mentes, ha de serlo como desarrollo del proceso que comenzó con la aparición de la consciencia. La consciencia que solo puede ser el feliz encuentro del mundo exterior con el mundo interior. (*)

De ese Mundo Real Poético de Jesús y de ese feliz encuentro de lo externo con lo interno voy a reflexionar partiendo de una de sus poesías que más me ha marcado: "Místico por dentro y libertario por fuera". Mi reflexión partirá de los conceptos psicológicos de introversión y extroversión y de su extensión como la relación que el compromiso interno tiene su reflejo en el compromiso externo y, viceversa.

                                                                    Quien es místico por dentro
                                                                    y no es libertario por fuera
                                                                    aprisiona el alma,
                                                                    se agota el sentimiento
                                                                    antes de alcanzar otros mundos,
                                                                    pronto solo se contempla
                                                                    a sí mismo,
                                                                    es una tierra estéril,
                                                                    una voz perdida,
                                                                    una luz en una caverna,
                                                                    toda su palpitación
                                                                    se diluye en las sombras,
                                                                    no habla su silencio,
                                                                    no engendra,
                                                                    no canta,
                                                                    le bloquean todos los espejos.

Así empieza su poema donde nos habla de la esterilidad del místico encerrado en su torre de marfil, un tipo de misticismo introvertido que se encierra en su propia subjetividad y deriva en una excesiva reserva del yo que le lleva al desinterés por el mundo externo. Elige confinarse en el aislamiento (una luz en una caverna) entregándose en una autocontemplación que le aleja del mundo externo y sus vicisitudes. Alienado en su propio mundo (se diluye en las sombras) cae en la indiferencia, cuando no en el desprecio o incluso odio hacia un mundo externo que se  contempla como un mundo caído (no habla su silencio, no engendra, no canta). Renunciando a él, al que  considera básicamente amenazante y desagradable,  aspira sólo a una intensidad interna que se proyecta sobre la imagen que define su misticismo (solo se contempla a sí mismo) o, como dice Jung: "Es un sentimiento que hace silenciosos a los hombres, y difícilmente accesibles, pues frente a la brutalidad del objeto se retrae como una mimosa, para colmar el hondo trasfondo del sujeto", o según Jesús en sus versos, encerrado en su propio mundo interno "le bloquean todos los espejos".

                                                                   Quien es libertario por fuera
                                                                   y no es místico por dentro
                                                                   se pierde entre los molinos,
                                                                   sale al campo y no siembra,
                                                                   da palos de ciego,
                                                                   conquistaría el mundo
                                                                   perdiendo su esencia,
                                                                   vacío es su cántico,
                                                                   sin lágrimas, sin músicos
                                                                   en sus manos,
                                                                   sin praderas verdes
                                                                   en sus ojos
                                                                   no alcanza el abrazo,
                                                                   ara pero no siembra.

A diferencia del místico introvertido, el libertario extrovertido se nos presenta como aquel que excesivamente dirigido por el mundo externo corre el riesgo de olvidarse de sí mismo. Su excesiva proyección en el objeto le aliena en éste y por ello asistimos, con tanta frecuencia, a los cambios que sufren los seres humanos que al acceder al poder quedan cegados por él, aun partiendo de ideologías que dicen querer proteger o favorecer a sus pueblos (conquistaría el mundo perdiendo su esencia). La ceguera por el objeto, o el objetivo, les aleja del corazón - de su esencia - que sería deseable que acompañara a todo cambio (vacío es su cántico, sin lágrimas, sin músicos). Alejado de su interior carece de la hondura de alma necesarios, acabando todo en un querer llenarse de fuera, poseer o ser contenido por el objeto. Cegado, sus causas esconden un fuerte deseo de prestigio, de poder o de importancia, pero vacío de sí mismo "ara pero no siembra", su ambición también le ciega la genuina empatía y la compasión, y así, como le ocurre a Marin Marais en la película "Todas las mañanas del mundo", comentada en mi blog de cine y psicología: "ambicioné la nada y coseché la nada", es decir tengo y no soy... ¿Y sin ser qué tengo?

                                                                   Para que nació
                                                                   el ser humano,
                                                                   su aventura
                                                                   a donde le lleva.
                                                                   ¿Será lo que pudo ser
                                                                   y se perdió en sus fronteras?
                                                                   Qué puede conquistar
                                                                   si sólo contempla,
                                                                   que frutos tendrá en sus manos
                                                                   si sólo se rebela.
                                                                   Sin mundo interior qué mundo
                                                                   pretenden sus gestas,
                                                                   que plenitud será suya
                                                                   si no libera su naturaleza.
                                                                   A dónde los libertarios
                                                                   irán sin el alma herida
                                                                   y los místicos
                                                                   si sólo sueñan.

Veo el mundo libertario a la deriva y veo a muchas mentes contemplativas muy cerradas, aún, como islas en el Mundo Real Político (*)

Jesús nos plantea aquí que las contradicciones en las polaridades acaban en un dualismo negador que solo empobrece la experiencia. ¿Qué son la una sin la otra? Un místico que no compromete su alma con el mundo, o un libertario que la pierde en él y que se cierra a su alma. Ambos son hombres encerrados en su prisión, el místico en su ensimismamiento (si los místicos sólo sueñan)  y el libertario en su rebeldía ciega (que frutos tendrá en sus manos si sólo se rebela). Ambos, en cierta medida, pertenecen al Mundo Real Político y, por lo tanto, a un mundo, como dice Lizano, determinado por la "necesidad de dominantes para organizarnos" (*), ambos responden a aquella "etapa de nuestra evolución identificada por la locura" (*). No hay mística si su alma herida no se sensibiliza a las otras almas heridas, en los espejos halla tan sólo el reflejo de su alma aprisionada en su anhelo narcisista, de la misma manera que no habrá libertad si el libertario desconoce la suya... ¿Qué libertad puede proponer si ignora su propia libertad interna? No será más que ambición desatada o vacía rebeldía (sin mundo interior que mundo pretenden sus gestas). Sólo puede haber revolución con consciencia y con alma. Y sólo desde la consciencia y el alma herida es posible la única revolución real, la revolución de la inocencia, el Mundo Real Poético de Lizano.

                                                                  Sin sentir todo el Universo
                                                                  cómo liberar la tierra
                                                                  de su escarnio.
                                                                  Si vive en tí
                                                                  y no lo despliegas,
                                                                  no lo enfrentas
                                                                  a los envenenadores,
                                                                  a los carceleros,
                                                                  cuando podrá alcanzar
                                                                  el hombre su ser entero.
                                                                  Si no se ve la tragedia
                                                                  como alcanzar la alegría.
                                                                  Sin mundo interior puesto en pie
                                                                  todos los días
                                                                  como encontrar la belleza,
                                                                  como vencer el dominio
                                                                  sin que dominio se vuelva.

¡Que bellos estos versos! "Sin mundo interior puesto en pie todos los días como encontrar la belleza, como vencer el dominio sin que el dominio vuelva". Que bellos y que reales. Yo creo, como ya he dejado constancia en muchas ocasiones, que la mística es para mí una extensión del proceso de aclaramiento de la consciencia o, como diríamos en la Gestalt, del afinamiento del percatarse o darse cuenta. Creo que cuanto más clara es la consciencia más se acerca a la inocencia, y que cuando más nos acercamos a la inocencia más pequeños nos sentimos, más criaturas, y que sólo desde este sentimiento de criatura es posible sentirnos más cerca del todo.  Es la vuelta a la naturaleza que se contempla. Es el Mundo Real Poético que Jesús nos marca. Sólo desde una sensibilidad como esta se comprende "cómo liberar la tierra de su escarnio sin sentir todo el Universo" y, lo que es más importante, como liberarla sin imponerle un nuevo amo, un nuevo dominio. En la poesía de Lizano se da el misterio de la conjunción de los opuestos representada en esa unión de la que él es ejemplo, la del niño con el adulto en donde la inocencia y la consciencia van de la mano: sólo desde aquí es posible una acción que desea iguales, no dominantes y sometidos de la que gobernantes y gobernados no deja de ser una simple variación. Quien se siente tocado por la pequeñez, por el ser una simple criatura, recordemos... por ser un simple "mamífero":

                                                                  Yo veo mamíferos.
                                                                  Mamíferos con nombres extrañísimos.
                                                                  Han olvidado que son mamíferos
                                                                  y se creen obispos, fontaneros,
                                                                  lecheros, diputados. ¿Diputados?
                                                                  Yo veo mamíferos.
                                                                  Policías, médicos, conserjes,
                                                                  profesores, sastres, cantoautores.
                                                                 ¿Cantoautores?
                                                                  Yo veo mamíferos.


Decía... quien se siente tocado por la pequeñez, por el ser una simple criatura, por ser un simple "mamífero" no desea dominar ni imponer. Se da en ese ser algo que se "nota", que se "siente" y es que enseña siendo y con ello nos enseña a encontrar el camino a nuestro ser, sea lo que sea éste. La libertad de Jesús tocaba por esto... por la espontaneidad de un niño con la consciencia que da una vida, una trayectoria que tan bien se nos muestra en su poema "La conquista de la inocencia":

           Resulta que soy un niño,
           que todo
           ha ido haciéndome un niño,
           que el sufrimiento y la alegría me han hecho un niño
           [...]
           que la locura me ha hecho un niño,
           verla, palparla,
           a través de todos los disfraces y todas las máscaras,
           que el asalto de la razón a todo lo que vive
           me ha hecho un niño.


Acabemos ya esta reflexión con los últimos versos de "Místico por dentro y libertario por fuera" que abundan en la necesidad de unir ambas actitudes y que se resumen cuando nos dice con sus versos "Todos los mundos se abrazan cuando contemplas y te rebelas", y que se cierran en el ideal de la inocencia en estos otros: "No deseemos ni la paz ni la guerra, vivamos para que sueñe y se libere la esencia". Y es así, pues en el reino de la inocencia que se quiere alcanzar no hay paz y no hay guerra, hay ser con la existencia que no puede concebir ambas, pues ambas, por definición, se invocan.

                                                               No basta contemplar,
                                                               no es suficiente el grito
                                                               frente a tanta sentencia
                                                               anuladora de los sueños.
                                                               Todos los mundos se abrazan
                                                               cuando contemplas y te rebelas,
                                                               vano todo vivir
                                                               si no habitas dos mundos,
                                                               el interior y el de la selva
                                                               de todos los procesos,
                                                               si tus ojos no navegan
                                                               por los océanos del alma,
                                                               por los mares de la tierra.
                                                               Místico por dentro
                                                               y libertario por fuera.
                                                               ¿Vamos, iremos
                                                               a la conquista de la inocencia?
                                                               No deseemos
                                                               ni la paz ni la guerra,
                                                               vivamos para que sueñe
                                                               y se libere la esencia,
                                                               ay, que con tanta
                                                               facilidad nos deja.

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(*) Las citas que se hacen en esta reflexión corresponden al escrito "La salvación de la mente o el fin del Mundo Real Político", escrito publicado con la aparición de su obra poética completa "Lizania. Aventura poética 1945-2000" publicada por la Editorial Lumen

[1] Jung, C. G. Tipos psicológicos. Edhasa, par. 709.